La Leyenda

El origen de la imagen de la virgen de Guadalupe se remonta, según la leyenda más antigua de la que se tiene conocimiento (sobre 1.409), al evangelista San Lucas. Éste tomó como modelo a la propia María e hizo varias reproducciones. Pidió que una de ellas fuese enterrada con él en Acaya (Asia). En el siglo IV se trasladaron sus restos con la imagen a Bizancio dónde esta gozó de gran devoción por sus múltiples milagros. La imagen fue regalada al Papa Gregorio y ya en Roma es sacada en procesión para paliar una peste. El papa Gregorio se la regala a su gran amigo San Leandro que la traslada a Sevilla, donde él es obispo. Con la invasión musulmana es escondida, junto con otras reliquias, por unos clérigos sevillanos en las Villuercas, muy cerca del río Guadalupe, donde permanece enterrada hasta mediado el siglo XIII. |
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Se hallaban unos vaqueros con sus ganados, en estas sierras, cuando uno de ellos, llamado Gil Cordero y natural de Cáceres, echó en falta una de sus vacas. Tras tres días de búsqueda la encontró muerta debajo de una madrona, al pie de una fuente. Cuando se dispuso a degollarla la vaca se levantó y ese momento se le apareció la Virgen María diciéndole que avisase a los clérigos de Cáceres para que fuesen y cavasen allí donde encontrarían una imagen suya. Cuando llegó a su casa en Cáceres, encontró a su mujer llorando desconsoladamente porque un hijo suyo acababa de morir. El vaquero la tranquilizó y se encomendó a la Señora ofreciéndose como guardián perpetuo de su ermita. En ese momento su hijo resucitó. Maravillados por tan gran milagro, los clérigos le acompañaron al citado lugar de la aparición. Cavaron en el lugar que dijo el vaquero y encontraron un sepulcro con la imagen de Nuestra Señora y una campanilla que estaba con Ella. Construyeron una pequeña ermita con corchos y ramas, y el vaquero se quedó allí de guardián con su familia.
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