Sacristía

El Padre Yañez

 

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El P. Yáñez rechaza a Enrique III. Porque no es aceptación, aunque lo parezca, sino respetuoso rechazo lleno de humildad; de ahí la discreta penumbra de súplica al rey que invade todo el cuadro. Ni visión ni milagro: glorificación de la virtud, de la humildad en la vida pública, desprendida hasta del legítimo deseo del arzobispado de Toledo. Es la única escena que no tiene al monasterio de fondo, sino el encuentro con el rey, con el rostro cansado del primer prior jerónimo, ante las críticas de muchos de los suyos... Se nota que el rey no le deja hablar, sino que le da el birrete escarlata por respuesta: el emblema de la sede primada, de la que antes había sido canónigo, aparte de capellán de la Corte, el P. Yáñez, lo dice todo. La escena no debió quedar con tanta solemnidad litúrgica como la arroja Zurbarán (que se encuentra, en autorretrato involuntario y distraído, más a gusto junto a los monjes que junto a la Corte, marcando recio la confrontación de ésta con el claustro).

Magnífico el retrato del prior: duro perfil, nariz torcida, escorzo poderoso de la mano, esculpidos sobre un fondo oscuro de brillo único. (Lo que no se le ven, pero se adivinan, son las lágrimas priorales de humildad, junto a los tonos crudos...)

 

 

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